61948
wp-singular,post-template-default,single,single-post,postid-61948,single-format-standard,wp-theme-pitchwp,wp-child-theme-pitchwp-child,select-core-1.7,pitch-child-child-theme-ver-1.0.0,pitch-theme-ver-3.9,ajax_fade,page_not_loaded,smooth_scroll,fade_push_text_right,grid_1300,side_menu_slide_from_right,vertical_menu_with_scroll,blog_installed,wpb-js-composer js-comp-ver-8.7.2,vc_responsive

¿Quién es el propietario de tu dominio, tu web y tus cuentas digitales? Una pregunta que muchas empresas descubren demasiado tarde

Una empresa puede llevar años trabajando con normalidad y pensar que tiene bajo control todos sus activos digitales. Dispone de página web, dominio, correo electrónico, redes sociales, Google Analytics, campañas publicitarias y diferentes herramientas online.

Pero hay una pregunta que pocas empresas se hacen hasta que aparece un problema:

¿Quién es realmente el propietario y quién tiene el control de todo eso?

Es relativamente habitual descubrir que el dominio está registrado a nombre de un antiguo proveedor, que Google Analytics pertenece a la cuenta personal de un trabajador que ya no está en la empresa o que nadie conoce las credenciales principales de una página web.

Mientras todo funciona, puede parecer un detalle administrativo sin demasiada importancia. El problema aparece cuando quieres cambiar de proveedor, renovar un servicio, recuperar una contraseña, modificar la web o simplemente acceder a información que debería pertenecer a tu empresa.

Por eso, conocer y controlar los activos digitales de una empresa debería formar parte de cualquier estrategia de digitalización y seguridad.

 

1. El dominio: mucho más que el nombre de tu página web

El dominio es uno de los activos digitales más importantes de cualquier empresa.

No es simplemente la dirección que escribimos para entrar en una página web. Del dominio pueden depender también:

 

  • La página web.
  • Las cuentas de correo corporativas.
  • Subdominios.
  • Aplicaciones internas.
  • Servicios externos.
  • Configuraciones DNS.

 

Perder el control del dominio puede convertirse en un problema importante.

Por eso conviene comprobar quién figura como titular, qué empresa lo gestiona, desde qué cuenta puede administrarse y qué correo electrónico se utiliza para recuperar el acceso.

También es importante saber cuándo caduca y comprobar que existe un sistema fiable de renovación.

Una empresa nunca debería descubrir que no controla su dominio precisamente el día que necesita modificarlo.

 

2. ¿A nombre de quién está registrado el dominio?

Este es uno de los problemas clásicos.

Cuando se crea una página web, es frecuente que la empresa encargue todo el proceso a un proveedor tecnológico. El proveedor registra el dominio, contrata el alojamiento y configura los diferentes servicios.

Hasta aquí no existe ningún problema.

La dificultad aparece cuando todos esos elementos quedan registrados exclusivamente bajo las cuentas del proveedor y la empresa nunca recibe acceso administrativo.

Años después puede producirse un cambio de proveedor y nadie recuerda quién registró originalmente el dominio.

El dominio corporativo debería estar siempre bajo el control de la empresa, independientemente de quién se encargue de su gestión técnica.

Un proveedor puede administrarlo, pero el cliente debería poder demostrar su titularidad y recuperar el control cuando lo necesite.

 

3. ¿Y quién controla el alojamiento de la página web?

Dominio y hosting son cosas diferentes, aunque muchas empresas los contraten conjuntamente.

El alojamiento es el servidor donde se encuentran los archivos, bases de datos y otros recursos necesarios para que la página funcione.

Por eso también deberías conocer:

 

  • Qué empresa proporciona el alojamiento.
  • Quién tiene acceso al panel.
  • Quién dispone de acceso FTP/SFTP o equivalente.
  • Quién administra la base de datos.
  • Qué copias de seguridad existen.
  • Dónde se encuentran esas copias.

 

Este punto está directamente relacionado con el mantenimiento. Como explicamos al hablar de los riesgos de abandonar una página web durante años, una web corporativa necesita seguimiento técnico aunque aparentemente continúe funcionando correctamente.

 

4. La página web también tiene credenciales propias

Supongamos que el dominio y el servidor están correctamente controlados.

Todavía queda la propia web.

En WordPress y otros gestores de contenidos existen diferentes usuarios y niveles de permisos.

Es habitual encontrar páginas donde el administrador principal continúa asociado al correo de la persona que desarrolló originalmente la web hace muchos años.

También pueden existir cuentas de antiguos trabajadores, proveedores o colaboradores que ya no deberían tener acceso.

Conviene revisar periódicamente:

 

  • Usuarios existentes.
  • Administradores.
  • Direcciones de correo asociadas.
  • Contraseñas.
  • Permisos.
  • Accesos antiguos.

 

La gestión de usuarios debería formar parte de cualquier política básica de ciberseguridad empresarial.

 

5. Google Analytics y Search Console también pertenecen a alguien

Otra situación muy habitual aparece con las herramientas de Google.

Una agencia o trabajador configura Google Analytics o Google Search Console utilizando su propia cuenta y, durante años, todo funciona perfectamente.

Hasta que esa persona deja de colaborar con la empresa.

Entonces nadie sabe cómo acceder a los datos históricos.

En el peor de los casos se acaba creando una nueva propiedad y se pierde la continuidad de años de información.

Los datos de analítica tienen mucho valor. Permiten estudiar la evolución del tráfico, conocer qué páginas generan visitas y analizar el comportamiento de los usuarios.

Por eso, las cuentas principales deberían permanecer siempre bajo control corporativo.

 

6. ¿Quién administra el perfil de empresa de Google?

El perfil de empresa de Google es especialmente importante para negocios con presencia local.

Desde allí se gestionan elementos como:

 

  • Dirección.
  • Teléfono.
  • Horarios.
  • Fotografías.
  • Reseñas.
  • Información del negocio.

 

Una empresa puede haber delegado su gestión en diferentes personas a lo largo de los años y acabar sin saber quién conserva los permisos principales.

Esto puede dificultar cualquier cambio futuro y generar situaciones especialmente incómodas cuando aparece información incorrecta que nadie sabe cómo modificar.

 

7. Redes sociales: cuidado con las cuentas personales

Facebook, Instagram, LinkedIn, TikTok y otras plataformas también forman parte de los activos digitales empresariales.

Un error bastante frecuente consiste en crear determinados perfiles utilizando exclusivamente la cuenta personal de un trabajador.

Mientras esa persona continúa en la empresa no ocurre nada.

Pero ¿qué sucede cuando se marcha?

La organización debe asegurarse de que existen varios administradores autorizados y de que la propiedad de las cuentas no depende exclusivamente de una única persona.

Lo mismo ocurre con las cuentas publicitarias y otros activos asociados a las plataformas sociales.

 

8. El correo electrónico puede ser la llave de todo

Existe un activo especialmente importante porque permite recuperar muchos de los demás: el correo electrónico.

Las plataformas digitales suelen utilizar una dirección para:

 

  • Recuperar contraseñas.
  • Confirmar cambios.
  • Autorizar nuevos usuarios.
  • Recibir alertas de seguridad.
  • Renovar servicios.

 

Si la dirección utilizada pertenece a un antiguo trabajador o deja de existir, recuperar determinadas cuentas puede convertirse en un proceso complejo.

Por eso conviene utilizar cuentas corporativas controladas por la empresa para registrar servicios críticos.

Una dirección del tipo [email protected] o equivalente suele ser más adecuada que depender exclusivamente de la cuenta personal de una persona concreta.

 

9. Aplicaciones, CRM y herramientas externas

La lista no termina con la web y las redes sociales.

Actualmente una pyme puede utilizar decenas de servicios digitales:

 

  • CRM.
  • ERP.
  • Plataformas de email marketing.
  • Aplicaciones de facturación.
  • Sistemas de reservas.
  • Herramientas de gestión de proyectos.
  • Almacenamiento en la nube.
  • Servicios de videoconferencia.
  • Aplicaciones con Inteligencia Artificial.
  • Plataformas de comercio electrónico.

 

Cada una tiene usuarios, administradores, métodos de pago y sistemas de recuperación.

A medida que una empresa avanza en su transformación tecnológica, disponer de una buena gestión de estas herramientas se vuelve todavía más importante.

 

10. No olvides las licencias

También existen activos menos visibles.

Plugins premium, plantillas, bancos de imágenes, fuentes, software, certificados y otras herramientas pueden depender de licencias contratadas por terceros.

Conviene saber:

 

  • Quién compró la licencia.
  • A nombre de quién está.
  • Cuándo vence.
  • Si puede transferirse.
  • Qué ocurre si se cambia de proveedor.

 

De lo contrario, algo tan sencillo como actualizar un componente puede convertirse inesperadamente en un problema.

 

11. El problema suele aparecer cuando cambias de proveedor

Mientras la relación con todos los proveedores es buena, probablemente nunca tengas que pensar en muchas de estas cuestiones.

La situación cambia cuando decides trasladar una web, contratar otra empresa, reorganizar internamente los servicios o finalizar una colaboración.

Entonces empieza la búsqueda:

“¿Quién tiene la contraseña?”

“Creo que lo gestionaba la agencia anterior.”

“El dominio lo contrató una persona que ya no trabaja aquí.”

“No sabemos con qué correo se creó la cuenta.”

Evitar estas situaciones es relativamente sencillo si desde el principio se establece correctamente la propiedad y gestión de cada activo.

Un buen proveedor tecnológico debería facilitar esta independencia. En un proyecto de diseño y desarrollo digital, la empresa debería conocer qué servicios se utilizan y disponer de los accesos que necesita para mantener el control de su infraestructura digital.

 

12. Tener acceso no significa necesariamente tener el control

Esta diferencia es importante.

Puedes tener una contraseña de WordPress y pensar que controlas tu web.

Pero quizá no tengas acceso al servidor.

Puedes publicar en Instagram y no ser propietario de la cuenta publicitaria.

Puedes consultar Analytics y no tener permisos para administrar la propiedad.

Por eso no basta con comprobar si puedes entrar.

Hay que conocer qué nivel de permisos tienes.

Siempre que sea posible, la empresa debería disponer de una cuenta con privilegios suficientes para gestionar y recuperar sus principales activos.

 

13. ¿Qué deberías revisar en tu empresa?

Hacer una pequeña auditoría interna puede evitar muchos problemas futuros.

Prepara un inventario con:

 

  • Dominio.
  • Hosting.
  • Página web.
  • Correo electrónico.
  • Google Analytics.
  • Search Console.
  • Perfil de empresa de Google.
  • Redes sociales.
  • Cuentas publicitarias.
  • CRM.
  • ERP.
  • Aplicaciones externas.
  • Licencias.
  • Certificados.
  • Copias de seguridad.

 

Para cada elemento anota quién es el propietario, quién tiene permisos administrativos, qué correo se utiliza para recuperarlo y qué proveedor lo gestiona.

No es necesario almacenar las contraseñas en ese documento. De hecho, es preferible utilizar un gestor de contraseñas seguro y aplicar autenticación multifactor siempre que el servicio lo permita.

 

14. ¿Qué hacer si descubres que no controlas alguno de estos activos?

Lo primero es no esperar a necesitarlo urgentemente.

Contacta con el proveedor o persona que lo administra y solicita que la empresa disponga de los permisos correspondientes.

Dependiendo del servicio puede ser necesario:

 

  • Añadir un nuevo administrador.
  • Cambiar el titular.
  • Modificar el correo de recuperación.
  • Transferir una propiedad.
  • Actualizar los datos de facturación.
  • Migrar un servicio.

 

Cuanto antes se regularice la situación, más sencillo suele ser.

También es un buen momento para revisar la seguridad de los accesos y eliminar cuentas que ya no deberían existir.

 

Control digital también significa seguridad

Saber quién puede acceder a cada herramienta no es únicamente una cuestión administrativa.

Es también una cuestión de seguridad.

Una cuenta olvidada de un antiguo trabajador puede convertirse en una puerta de entrada. Una contraseña compartida entre varias personas dificulta saber quién ha realizado un cambio. Una dirección de recuperación inaccesible puede impedir reaccionar rápidamente ante un incidente.

Por eso, la gestión de identidades y permisos forma parte de una estrategia adecuada de ciberseguridad.

La tecnología facilita muchísimo el funcionamiento de una empresa, pero a medida que aumentamos el número de herramientas también debemos mejorar la forma en la que administramos su acceso.

 

Dominio, web, correo electrónico, redes sociales, Analytics, CRM y aplicaciones empresariales forman parte del patrimonio digital de una empresa.

Y, sin embargo, muchas organizaciones no saben exactamente quién controla cada uno de ellos.

El mejor momento para comprobarlo no es cuando necesitas cambiar de proveedor, recuperar una cuenta o resolver un incidente de seguridad.

Es ahora.

Crear un inventario de activos digitales, revisar propietarios y permisos y asegurarse de que la empresa conserva el control de sus herramientas puede ahorrar muchos problemas en el futuro.

Porque delegar la gestión tecnológica es perfectamente normal.

Delegar la propiedad y perder el control no debería serlo.